Las celebraciones patrias suelen estar acompañadas por comidas, bebidas y reuniones familiares. En medio de la celebración, sin embargo, existe un aspecto que puede pasar desapercibido: los alimentos que se compran, preparan o sirven y finalmente no son consumidos. Reducir este desperdicio no significa limitar las celebraciones, sino planificar mejor las cantidades y aprovechar los alimentos disponibles.
El desperdicio alimentario tiene consecuencias que van más allá de la comida que termina en un recipiente. Para producir un alimento se necesitan tierra, agua, energía, trabajo y otros recursos. Cuando ese alimento no se consume, también se pierden los recursos utilizados durante su producción, procesamiento, transporte y preparación. La FAO distingue entre pérdida de alimentos, que ocurre principalmente antes de llegar al consumidor, y desperdicio, relacionado con etapas posteriores de la cadena.
A escala mundial, la dimensión del problema es considerable. La FAO señala que alrededor del 14 % de los alimentos se pierde entre la cosecha y la distribución, mientras que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha estimado que otro 17 % se desperdicia en la distribución y entre los consumidores finales. Estas cifras son globales y no representan una medición específica de las fiestas patrias salvadoreñas, pero muestran por qué el aprovechamiento de los alimentos es un componente de sostenibilidad.
Durante una reunión familiar, una de las medidas más sencillas es calcular las cantidades antes de comprar. Preparar comida para un número definido de personas ayuda a evitar compras excesivas. También es importante diferenciar entre lo que se sirve y lo que permanece almacenado: no toda la comida que queda después de una celebración constituye automáticamente desperdicio. Si fue manipulada y conservada correctamente, puede consumirse posteriormente.
El almacenamiento también tiene un papel importante. Los alimentos perecederos necesitan mantenerse bajo condiciones adecuadas para conservar su calidad y seguridad. Refrigerar oportunamente las preparaciones que correspondan, utilizar recipientes apropiados y ordenar los productos para consumir primero los que tienen menor vida útil puede ayudar a disminuir el descarte dentro del hogar.
Las celebraciones patrias también pueden favorecer el consumo de productos locales. Elegir alimentos producidos o comercializados en el país puede conectar la celebración con las economías locales y, dependiendo del producto y de la cadena de suministro, reducir determinados desplazamientos asociados al abastecimiento. Esto no significa que un alimento local sea automáticamente sostenible, pero sí abre una oportunidad para conocer su origen y valorar el trabajo de productores y comerciantes.
Los restos que ya no sean aptos para consumo deben manejarse de manera adecuada. El MARN incluye el compostaje entre las herramientas contempladas dentro de la gestión integral de residuos, aunque su aplicación depende de las condiciones y sistemas disponibles en cada lugar. Separar los residuos orgánicos de otros materiales facilita su manejo y evita que todo termine mezclado en una misma corriente de desechos.
Reducir el desperdicio durante las fiestas patrias puede convertirse, por tanto, en una forma concreta de celebrar con mayor responsabilidad. Planificar las compras, servir porciones adecuadas, conservar correctamente los alimentos y aprovechar las sobras cuando sean seguras permite disminuir el uso innecesario de recursos. La sostenibilidad también está presente en la mesa: cada alimento que se aprovecha representa recursos que no fueron utilizados en vano.


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