Cada vez que un celular deja de funcionar, una computadora es reemplazada o un electrodoméstico llega al final de su vida útil, comienza un proceso que pocas veces se observa. Los aparatos que salen de los hogares y las empresas no desaparecen: se convierten en residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), una corriente de desechos que crece a medida que aumenta el consumo de tecnología y que requiere un manejo diferente al de la basura convencional.
En El Salvador, los RAEE incluyen desde teléfonos celulares, computadoras, impresoras y cables hasta electrodomésticos y otros equipos que funcionan con electricidad. El problema surge cuando estos aparatos son descartados sin una gestión adecuada, debido a que algunos de sus componentes pueden contener sustancias que representan riesgos para el ambiente y la salud, mientras otros materiales, como determinados metales y plásticos, pueden ser recuperados y reincorporados a procesos productivos.

La dimensión del desafío ha llevado al país a desarrollar herramientas específicas para su gestión. El programa nacional de RAEE, coordinado por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales junto con el Centro Nacional de Producción Más Limpia, contempla acciones de sensibilización, capacitación, transferencia tecnológica y desarrollo de mecanismos para la recolección y aprovechamiento de estos residuos. También se han establecido guías técnicas y lineamientos dirigidos a quienes generan, reciben, transportan o gestionan aparatos electrónicos en desuso.
La disposición adecuada comienza desde el momento en que una persona decide retirar un equipo. Tirarlo junto con los residuos comunes, abandonarlo en espacios públicos o desarmarlo sin las condiciones necesarias puede provocar que componentes potencialmente peligrosos terminen en el ambiente. Por el contrario, entregarlo a un punto de recepción o a un gestor autorizado permite que los equipos sigan un proceso que contempla la recolección, transporte, clasificación, desmontaje y separación de materiales para su posterior aprovechamiento o tratamiento.

El país también ha avanzado en la creación de espacios para facilitar la entrega de estos aparatos. El Ministerio de Medio Ambiente ha impulsado campañas de recolección y puntos de entrega voluntaria, mientras que la Autoridad Nacional de Residuos Sólidos estableció desde octubre de 2025 una jornada permanente para recibir aparatos eléctricos y electrónicos en desuso, con recolecciones programadas el último viernes de cada mes. Entre los equipos que pueden entregarse se encuentran computadoras, monitores, celulares, tablets, cargadores, impresoras, pequeños electrodomésticos y otros dispositivos.
La gestión responsable de estos residuos también representa una oportunidad para avanzar hacia una economía circular. Un aparato que ya no resulta útil para su propietario todavía puede contener materiales con valor económico que pueden ser recuperados. El proceso adecuado busca separar los componentes aprovechables de aquellos que necesitan un tratamiento especializado, reduciendo así la cantidad de residuos que termina en sitios de disposición final y evitando que materiales potencialmente contaminantes sean manejados de forma incorrecta.

Para las empresas, el desafío adquiere una dimensión adicional. Computadoras, servidores, impresoras, equipos de comunicación, baterías y otros dispositivos forman parte de operaciones que constantemente se actualizan. Contar con inventarios de equipos en desuso, establecer protocolos para su retiro y entregarlos mediante canales autorizados permite mantener una trazabilidad sobre estos residuos y reducir los riesgos asociados con una disposición inadecuada. La gestión responsable también puede contribuir a que materiales recuperables regresen a la cadena productiva.
La basura electrónica es, en definitiva, el resultado de una sociedad cada vez más dependiente de la tecnología, pero también una oportunidad para replantear qué ocurre con los productos cuando dejan de ser utilizados. En El Salvador ya existen mecanismos, lineamientos y jornadas de recolección que permiten dar un destino adecuado a estos residuos; el siguiente paso es ampliar su uso y fortalecer una cultura en la que comprar, utilizar y desechar tecnología formen parte de un mismo ciclo responsable. El objetivo no es únicamente sacar un aparato de casa o de una oficina, sino asegurarse de que su siguiente destino no represente un problema para el ambiente.


Más historias
El desperdicio de alimentos, un problema que comienza en el campo y termina en la mesa
El futuro del café frente al cambio climático
Más eficiencia, menos desperdicio: El reto de reducir el consumo de agua en las empresas