septiembre 20, 2026

¿Qué impacto ambiental tienen los desfiles del 15 de septiembre en El Salvador?

Cada 15 de septiembre, las calles de distintas ciudades de El Salvador se convierten en escenarios de desfiles, actividades escolares y concentraciones de personas para conmemorar la independencia. Estas celebraciones forman parte de la identidad nacional, pero también implican una mayor utilización temporal de espacios públicos, desplazamientos de personas, consumo de alimentos y bebidas y generación de residuos. Por ello, además de observar la dimensión cultural de la fecha, existe un componente ambiental que merece atención.

Uno de los principales impactos potenciales está relacionado con los residuos. Durante una actividad multitudinaria pueden utilizarse botellas, vasos, bolsas, empaques de alimentos, recipientes desechables y otros productos de corta duración. El problema no está únicamente en la cantidad de materiales utilizados, sino también en lo que sucede cuando estos no son separados o depositados correctamente. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) señala que la gestión integral de residuos contempla acciones como la reducción, reutilización, reciclaje, valorización y disposición final adecuada.

El contexto nacional permite dimensionar el desafío. El Diagnóstico Nacional de Residuos citado por el MARN estimó una generación de 4,226.48 toneladas de residuos al día en el país, mientras que la institución ha señalado que solamente una proporción reducida llega a procesos de reciclaje. Estos datos corresponden al conjunto de residuos generados en El Salvador y no específicamente al desfile del 15 de septiembre, por lo que no deben interpretarse como una medición del impacto de las fiestas patrias.

Otro elemento es la movilidad. Los desfiles concentran temporalmente a grandes cantidades de personas y pueden provocar modificaciones en la circulación habitual de vehículos. El desplazamiento hacia los puntos de concentración implica consumo de combustibles cuando se utilizan vehículos particulares, mientras que caminar, compartir automóvil o utilizar transporte colectivo puede reducir el impacto asociado a cada desplazamiento. En este sentido, la sostenibilidad de un evento no depende únicamente de lo que ocurre en el lugar de celebración, sino también de cómo llegan y regresan sus asistentes.

El consumo de alimentos y bebidas representa otro aspecto. Los vendedores y asistentes pueden utilizar recipientes, cubiertos y empaques de un solo uso, además de generar residuos orgánicos. La separación desde el lugar donde se generan facilita que materiales aprovechables puedan incorporarse posteriormente a cadenas de reciclaje y que los residuos orgánicos reciban un manejo diferenciado. La legislación salvadoreña sobre gestión integral de residuos establece precisamente mecanismos relacionados con separación, recolección, transporte, reciclaje, valorización y disposición final.

También existe un componente relacionado con el uso temporal del espacio público. Una vez finalizada una actividad multitudinaria, la limpieza permite recuperar las condiciones habituales de calles, parques y plazas. Sin embargo, desde una perspectiva de sostenibilidad, el objetivo no debería limitarse a limpiar después de la celebración, sino a reducir desde el inicio la cantidad de residuos que llegan a esos espacios. El MARN promueve precisamente una gestión que prioriza la reducción y el aprovechamiento de los materiales antes de su disposición final.

La responsabilidad, por tanto, es compartida. Las instituciones encargadas de organizar y limpiar los espacios tienen un papel fundamental en la planificación, instalación de recipientes y gestión de los residuos, mientras que los asistentes pueden contribuir evitando tirar basura, llevando recipientes reutilizables cuando sea posible y separando correctamente los materiales. En eventos masivos, pequeñas decisiones repetidas por miles de personas pueden modificar considerablemente la cantidad de residuos que requiere recolección y disposición final.

El desfile de independencia no tiene por qué ser visto como una actividad incompatible con la sostenibilidad. Al contrario, puede convertirse en una oportunidad para incorporar mejores prácticas ambientales en celebraciones que reúnen a comunidades, estudiantes y familias. Reducir los productos desechables, facilitar la separación de residuos, promover desplazamientos de menor impacto y fortalecer la educación ambiental permitiría que la celebración del 15 de septiembre no solo conmemore la historia del país, sino que también contribuya a construir una cultura de mayor responsabilidad sobre los espacios que compartimos.

También puedes leer: