El agua que utilizamos no siempre permanece a la vista, una parte importante del ciclo hídrico ocurre bajo nuestros pies, cuando el agua de lluvia logra infiltrarse en el suelo y alimentar los sistemas de agua subterránea. En El Salvador, reconocer los territorios que cumplen esta función permite entender que conservar determinados ecosistemas también significa proteger una reserva esencial para el futuro.
La recarga hídrica es un servicio ecosistémico relacionado con la capacidad del territorio para favorecer la infiltración del agua y contribuir a la alimentación de los acuíferos, los ecosistemas con cobertura vegetal ayudan en este proceso al interceptar la lluvia, favorecer su ingreso al suelo, reducir la escorrentía y proteger el terreno frente a procesos de degradación.
Esta relación entre naturaleza y agua es precisamente la que el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), a través del Sistema de Información y Monitoreo Ambiental y Cambio Climático (SIMACC), incorpora en la identificación de zonas prioritarias por su servicio ecosistémico de recarga hídrica, el objetivo es reconocer aquellos espacios donde conservar o restaurar los ecosistemas puede aportar también a la protección de los recursos hídricos.

Para establecer estas prioridades se cruzan diferentes capas de información del territorio. El análisis considera el potencial de recarga hídrica, las unidades acuíferas y la cobertura de los ecosistemas mediante herramientas de información geográfica. También incorpora variables como precipitación, evapotranspiración, pendiente, características del suelo y uso y cobertura del territorio.
El resultado permite clasificar las áreas según cuatro niveles de prioridad: Muy alta, alta, media y baja, esta clasificación no significa que en las zonas de menor prioridad no exista recarga, sino que su importancia es comparativamente menor dentro del modelo utilizado, de esta manera, la información puede ayudar a orientar dónde las acciones de conservación y restauración pueden generar mayores beneficios relacionados con el agua.
La importancia de este enfoque está en que cambia la manera de mirar un ecosistema, un bosque, una zona de vegetación o un suelo determinado no solo pueden tener valor por las especies que albergan; también pueden desempeñar funciones que sostienen otros procesos naturales, siendo así la conservación de la cobertura vegetal puede contribuir a mantener condiciones favorables para la infiltración y, con ello, proteger una función vinculada a los sistemas acuíferos.

Por eso, las zonas de recarga hídrica pueden convertirse en espacios estratégicos para la planificación ambiental, la información generada por SIMACC puede apoyar la identificación de áreas para conservación, restauración y compensación ambiental, integrando en una misma mirada la biodiversidad, los ecosistemas y los recursos hídricos.
Proteger estas zonas es, en el fondo, una forma de cuidar un recurso que muchas veces solo valoramos cuando comienza a faltar. El agua que hoy se encuentra en nuestros ecosistemas y acuíferos depende también de lo que ocurre sobre la superficie. Entender dónde se recarga y qué territorios ayudan a mantener ese proceso permite tomar decisiones pensando no solo en el paisaje que tenemos frente a los ojos, sino también en el agua que necesitaremos mañana.


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