octubre 19, 2026

Publicidad “verde”: qué afirmaciones pueden comprobarse

La publicidad ambiental gana espacio en los productos y servicios que buscan destacar atributos relacionados con la sostenibilidad. Frases como “ecológico”, “amigable con el ambiente”, “reciclable”, “biodegradable” o “elaborado con materiales reciclados” pueden influir en las decisiones de compra, pero para utilizarlas correctamente deben estar respaldadas por información verificable. No basta con emplear términos asociados con la naturaleza: la empresa debe poder demostrar qué beneficio ambiental ofrece y bajo qué condiciones.

En El Salvador, estas comunicaciones también están sujetas a las reglas generales de protección al consumidor. La Ley de Protección al Consumidor establece que los proveedores deben brindar información completa, precisa, veraz, clara y oportuna sobre las características de los productos y servicios. Además, considera publicidad engañosa o falsa aquella que sea total o parcialmente falsa o que, incluso por omisión, pueda inducir a error, engaño o confusión y afectar las decisiones económicas del consumidor. Esto significa que una afirmación ambiental también debe ser sustentable con evidencia.

Uno de los principales puntos de atención son las expresiones generales como “verde”, “ecológico” o “amigable con el ambiente”. Estas frases pueden resultar ambiguas si no explican qué característica concreta del producto genera el supuesto beneficio. Las guías de la Federal Trade Commission (FTC) señalan que las afirmaciones ambientales generales y no calificadas pueden transmitir una impresión de beneficios más amplios de los que realmente pueden demostrarse. Por ello, resulta más preciso indicar características específicas, como el porcentaje de material reciclado utilizado o la reducción concreta de determinado impacto.

La norma internacional ISO 14021:2026 establece principios, requisitos y orientaciones para las declaraciones ambientales realizadas directamente por fabricantes, importadores, distribuidores o vendedores. La norma contempla afirmaciones utilizadas en etiquetas, empaques, publicidad, materiales comerciales y plataformas digitales, y señala la importancia de que estén sustentadas mediante métodos transparentes, científicamente sólidos y documentados. Para una empresa, esto implica conservar información que permita demostrar cómo se obtuvo el dato ambiental que está comunicando.

El término “reciclable” también requiere precisión. Que un material pueda ser técnicamente reciclado no significa necesariamente que existan instalaciones disponibles para recuperarlo en todos los lugares donde se comercializa. Las guías de la FTC consideran la disponibilidad de infraestructura como un elemento relevante para este tipo de afirmaciones. Algo similar ocurre con expresiones como “compostable” o “biodegradable”, ya que las condiciones y el tiempo necesarios para que un material se degrade pueden variar. Si se requiere un proceso o instalación específica, esa información debe ser clara para evitar interpretaciones equivocadas.

También pueden comprobarse afirmaciones relacionadas con el contenido reciclado, el uso de energía renovable o la reducción de impactos ambientales, siempre que exista una metodología que respalde el dato. Por ejemplo, afirmar que un envase contiene determinado porcentaje de material reciclado requiere poder demostrar esa proporción. En una declaración como “20 % menos residuos”, además, debe explicarse cuál es la referencia utilizada para calcular la reducción. Sin un punto de comparación claro, el porcentaje puede resultar difícil de interpretar y comprobar.

Los sellos y certificaciones ambientales pueden aportar información adicional, pero tampoco sustituyen automáticamente la evidencia de cada afirmación realizada en una campaña. La Defensoría del Consumidor de El Salvador cuenta con un Observatorio de Publicidad, Promociones u Ofertas para dar seguimiento a posibles casos de publicidad ilícita, engañosa o falsa. La institución señala que las personas consumidoras tienen derecho a recibir información completa y a estar protegidas frente a comunicaciones comerciales que puedan inducir a error. Sus estadísticas registran miles de inspecciones relacionadas con publicidad, aunque estas cifras abarcan publicidad en general y no específicamente publicidad ambiental.

Para las empresas, una comunicación ambiental responsable parte de preguntas concretas: ¿qué estoy afirmando?, ¿qué evidencia lo demuestra?, ¿cómo se realizó la medición?, ¿qué porcentaje corresponde?, ¿con qué producto o proceso se está comparando y existen condiciones que el consumidor debe conocer? Responder estas preguntas permite convertir un mensaje ambiental general en una afirmación específica y comprobable. Para el consumidor, revisar estos elementos ayuda a distinguir entre un atributo ambiental sustentado y una estrategia de comunicación que presenta un producto como más sostenible de lo que los datos disponibles permiten demostrar.

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