Reducir el desperdicio de productos es una oportunidad para que las tiendas mejoren sus operaciones, disminuyan pérdidas económicas y adopten prácticas más sostenibles. Desde pequeños comercios hasta supermercados, una administración adecuada del inventario permite aprovechar mejor la mercancía, evitar compras innecesarias y reducir la cantidad de productos que terminan en la basura. Estas medidas son especialmente importantes en los establecimientos que comercializan alimentos, debido a que muchos tienen una vida útil limitada.
Una de las primeras acciones consiste en planificar las compras de acuerdo con la demanda real. Para ello, los negocios pueden revisar sus registros de ventas, identificar cuáles productos tienen mayor rotación y reconocer cuáles permanecen más tiempo en los estantes. También es conveniente considerar las temporadas, los cambios en los hábitos de consumo y las fechas de mayor actividad comercial. Esta información permite ajustar los pedidos a las necesidades del establecimiento y evitar la acumulación de mercancía que difícilmente se venderá antes de deteriorarse.

La administración del inventario también es fundamental para prevenir pérdidas. Una práctica conocida como «primero en entrar, primero en salir» (PEPS) consiste en colocar los productos más antiguos al frente y los recién recibidos detrás, de manera que la mercancía almacenada primero sea la que se comercialice antes. En el caso de los alimentos, este procedimiento debe complementarse con la revisión de las fechas de vencimiento, el estado de los empaques y las condiciones de conservación. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destaca la importancia de la rotación y el almacenamiento adecuados para reducir el desperdicio y mantener la inocuidad de los productos.
Otra medida consiste en mejorar las condiciones de almacenamiento y exhibición. Los alimentos refrigerados necesitan mantenerse a temperaturas apropiadas, mientras que los productos secos deben protegerse de la humedad, el calor y las plagas. Asimismo, organizar los estantes sin sobrecargar las áreas de exhibición ayuda a evitar daños, facilita la identificación de mercancía deteriorada y permite mantener un mejor control de las existencias. Estas prácticas también pueden aplicarse a productos de limpieza, artículos de cuidado personal y otras mercancías susceptibles de sufrir daños durante el almacenamiento.

Los establecimientos también pueden implementar estrategias comerciales para dar salida a los productos que se aproximan al final de su vida útil, siempre que conserven las condiciones de calidad y seguridad necesarias para su venta. Entre las alternativas se encuentran los descuentos, las promociones por tiempo limitado y los paquetes de productos complementarios. Estas medidas deben aplicarse con información clara para el consumidor y sin comercializar alimentos vencidos o que no cumplan los requisitos de seguridad. De esta forma, la tienda puede recuperar parte de su inversión y reducir la cantidad de mercancía que debe desechar.
La prevención del desperdicio también requiere medir las pérdidas. Los comercios pueden llevar un registro de los productos descartados, las cantidades, las causas y el costo económico asociado. Esta información ayuda a identificar problemas recurrentes, como pedidos excesivos, fallas en la refrigeración, daños durante el transporte o mercancía que no responde a las preferencias de los clientes. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la FAO recomiendan evaluar el desperdicio como punto de partida para establecer medidas de reducción y comprobar si las acciones implementadas producen resultados.

Cuando los productos ya no pueden venderse, pero todavía son aptos para el consumo, las tiendas pueden evaluar su donación a organizaciones autorizadas, bancos de alimentos u otras entidades receptoras, siempre que se cumplan las normas sanitarias aplicables y se garantice su adecuada conservación. En cuanto a los residuos orgánicos que no sean aptos para el consumo humano, algunos establecimientos pueden recurrir al compostaje u otras alternativas de valorización, según las condiciones disponibles. Para los envases y materiales reciclables, la separación desde el punto de generación facilita su recuperación y evita que terminen mezclados con otros desechos.
Reducir el desperdicio de productos requiere, además, involucrar al personal y establecer procedimientos sencillos para revisar inventarios, controlar las fechas, almacenar correctamente la mercancía y reportar pérdidas. La capacitación y el seguimiento periódico permiten convertir estas acciones en parte de la operación diaria. Para los comercios, el resultado puede traducirse en menores costos, mejor aprovechamiento de los recursos y una gestión más eficiente; para el medio ambiente, significa reducir los residuos y evitar el desperdicio de recursos utilizados en la producción, el transporte y la conservación de los artículos. Así, la sostenibilidad se convierte en una herramienta práctica para fortalecer la competitividad del negocio.


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