El acceso al financiamiento es una de las herramientas que puede acelerar la transición hacia modelos productivos más sostenibles. En El Salvador, el Programa CAMBIO II busca contribuir a este proceso mediante recursos y asistencia orientados a fortalecer la adaptación al cambio climático y promover una mayor participación de las instituciones financieras en la llamada banca verde.
La iniciativa es impulsada por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) junto con el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés) y tiene entre sus objetivos aumentar la resiliencia de las micro, pequeñas y medianas empresas frente a los efectos del cambio climático. El programa se desarrolla en siete países de la región, incluido El Salvador, mediante mecanismos financieros y no financieros destinados a apoyar inversiones sostenibles.

El enfoque de CAMBIO II parte de una necesidad concreta: muchas pequeñas empresas enfrentan dificultades para acceder a recursos que les permitan invertir en tecnologías, procesos y prácticas capaces de reducir su vulnerabilidad ante fenómenos climáticos. Por ello, el programa busca facilitar créditos, asistencia técnica e incentivos para apoyar la incorporación de medidas de adaptación en diferentes actividades productivas.
En El Salvador, los recursos han respaldado iniciativas vinculadas con sectores como la agroforestería, la agricultura orgánica, la pesca sostenible, los sistemas silvopastoriles y otras actividades relacionadas con el uso sostenible de los recursos naturales. Estas inversiones buscan que las empresas no solo mantengan su actividad económica, sino que también desarrollen una mayor capacidad para enfrentar los impactos derivados del cambio climático.

El impulso de la banca verde también implica fortalecer las capacidades de las instituciones financieras. Recientemente, en el marco de CAMBIO II, el Banco Hipotecario suscribió un convenio de asistencia técnica no reembolsable para desarrollar una estrategia de sostenibilidad basada en un análisis de doble materialidad. El propósito es fortalecer la gestión de riesgos y oportunidades relacionados con la sostenibilidad y ampliar el apoyo financiero hacia sectores productivos vulnerables a los efectos climáticos.
Este tipo de iniciativas refleja una transformación gradual en la manera en que el sector financiero puede participar en la sostenibilidad. La banca no solo tiene la capacidad de movilizar recursos, sino también de orientar el financiamiento hacia proyectos que incorporen criterios ambientales y climáticos. En este sentido, El Salvador también cuenta con herramientas como su Taxonomía Verde, diseñada para ayudar a identificar y orientar inversiones hacia actividades económicas que contribuyan al desarrollo sostenible y a la acción climática.

A través del Programa CAMBIO II y del respaldo del Fondo Verde para el Clima, el fortalecimiento de la banca verde abre nuevas posibilidades para que las empresas salvadoreñas incorporen la sostenibilidad en sus decisiones de inversión. El desafío consiste en ampliar el acceso a estos mecanismos y convertir el financiamiento sostenible en una herramienta cada vez más accesible para impulsar negocios competitivos, resilientes y preparados para enfrentar los retos ambientales del futuro.


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