La adaptación al cambio climático toma un nuevo impulso en la cuenca del río Grande de San Miguel, donde El Salvador implementará acciones orientadas a mejorar la gestión de los recursos naturales, recuperar ecosistemas y fortalecer las actividades productivas de comunidades rurales, la intervención forma parte de un programa que tendrá una duración de siete años y que busca aumentar la capacidad de los territorios para enfrentar los efectos adversos del clima.
En el país, las acciones estarán concentradas en cinco municipios: Concepción Batres y Jucuarán, en Usulután Este; El Carmen, en Cuscatlán Sur; El Tránsito, en San Miguel Oeste; y San Miguel, en San Miguel Centro. El programa dará especial atención a pequeños productores, agricultores, emprendedores rurales y comunidades cuya actividad depende directamente de los recursos naturales disponibles en sus territorios.

La estrategia contempla medidas relacionadas con la gestión del agua y de los recursos naturales, además de procesos de recuperación de ecosistemas y fortalecimiento de actividades productivas, de acuerdo con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), el propósito es que la recuperación ambiental también contribuya a generar mejores condiciones para producir y a utilizar de manera más eficiente los recursos disponibles.
La selección de esta cuenca responde a su importancia para el agua, la producción y las comunidades que dependen de sus recursos. Bajo este enfoque, la conservación de los ecosistemas adquiere una dimensión directamente vinculada con la resiliencia territorial, al buscar que los sistemas naturales mantengan una mayor capacidad para responder ante las condiciones climáticas adversas.

La participación salvadoreña quedó formalizada mediante un convenio suscrito entre el ministro de Medio Ambiente, Fernando López, y el director del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) en El Salvador, Alejandro Zelaya. Para el desarrollo nacional del programa se contempla una contribución en especie valorada en US$7.07 millones, que comprende capacidades técnicas, personal especializado y trabajo institucional en el territorio.
La iniciativa corresponde al Programa de Adaptación Basada en Ecosistemas para Aumentar la Resiliencia al Cambio Climático en el Corredor Seco Centroamericano y las Zonas Áridas de República Dominicana, conocido como ADAPTA-R a nivel regional, participan Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y República Dominicana, con una disponibilidad de US$268.35 millones. El programa regional contempla beneficiar a más de un millón de personas y restaurar o proteger cerca de 12,000 hectáreas de ecosistemas forestales.

El programa cuenta con el respaldo del Fondo Verde para el Clima y es administrado por el BCIE, mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD) participarán mediante asistencia técnica, generación de conocimiento y fortalecimiento de políticas públicas. Estos componentes acompañarán las acciones previstas en los países participantes.
En el caso salvadoreño, la intervención coloca a la cuenca del río Grande de San Miguel como un territorio donde la protección ambiental y la adaptación climática se abordan de manera conjunta. La apuesta busca fortalecer la relación entre ecosistemas funcionales, disponibilidad de recursos naturales y actividades productivas, con el propósito de aumentar la capacidad de las comunidades para afrontar los impactos asociados al cambio climático.


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