El café forma parte de la historia económica y cultural de El Salvador, pero su importancia va más allá del grano que llega a una taza, en una gran parte del territorio salvadoreño, los cafetales también cumplen funciones ambientales que ayudan a sostener el agua, los suelos y la biodiversidad, bajo la sombra de los árboles existe un ecosistema productivo que, además de generar ingresos, presta servicios esenciales para el territorio.
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) reconoce al café como un agroecosistema estratégico por su relación entre producción, conservación y resiliencia climática. De acuerdo con el Protocolo para conservar y potenciar los servicios ecosistémicos de los cafetales, estos cultivos se encuentran principalmente en zonas montañosas y de alta recarga hídrica, donde contribuyen a procesos como la conectividad ecológica y la regulación del ciclo hidrológico.

La dimensión de este territorio también ayuda a comprender su importancia. El protocolo del MARN estima que los cafetales representan aproximadamente 181,710.83 hectáreas, equivalentes al 9.6 % del territorio nacional, además, cerca del 94 % de estos cultivos se desarrolla bajo sombra, en pisos altitudinales que van desde los 500 hasta más de 1,500 metros sobre el nivel del mar.
Esa cobertura arbórea no está allí únicamente para acompañar al cultivo. Los árboles de sombra pueden ayudar a reducir la erosión, favorecer la infiltración del agua y conservar materia orgánica en el suelo, al mismo tiempo, la diversidad de especies presentes en estos espacios proporciona refugio y alimento para fauna silvestre y polinizadores, convirtiendo a los cafetales en espacios que también aportan a la conectividad entre diferentes ecosistemas.

El vínculo con el agua es particularmente relevante para un país donde la disponibilidad de este recurso depende de la conservación del territorio. El documento señala que muchas áreas cafetaleras se encuentran en zonas de recarga hídrica y que estas aportan agua hacia sectores más bajos de las cuencas y microcuencas, de este modo, conservar las condiciones naturales de estos espacios puede tener efectos que trascienden los límites de una finca.
Con esta perspectiva, el MARN desarrolló un protocolo que busca establecer criterios para conservar y potenciar los servicios ecosistémicos de los cafetales. El instrumento propone prácticas relacionadas con la cobertura arbórea, la conservación de suelos y agua y el manejo del cultivo. También contempla un proceso de verificación que puede permitir a las fincas obtener un reconocimiento ambiental por el manejo sostenible.

La propuesta parte de una idea que cambia la forma de valorar el café: producir y conservar no necesariamente son actividades opuestas. Un cafetal manejado de manera sostenible puede mantener su función productiva mientras protege elementos naturales que también benefician a las comunidades y al territorio. Por ello, el protocolo incorpora criterios como el uso de especies arbóreas adecuadas, obras de conservación de suelo y agua, protección de bosques de galería y prácticas para un manejo responsable del cultivo.
En El Salvador, hablar de café también puede significar hablar de agua, biodiversidad, suelo y paisaje. Detrás de cada finca existe una relación entre producción y naturaleza que pocas veces se observa cuando el grano llega a nuestras manos. Reconocer ese valor ambiental permite entender que conservar los cafetales no significa únicamente proteger una actividad productiva, sino también cuidar los servicios que estos agroecosistemas ofrecen al país y a las generaciones que vienen.


Más historias
La ruta invisible del agua que debemos proteger
Fiestas patrias y generación de basura: ¿qué pasa con los residuos después del desfile?
El calor de la Tierra que mueve la energía de El Salvador