La ganadería forma parte de la actividad productiva de El Salvador y también enfrenta uno de los desafíos ambientales de la actualidad: Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la actividad, frente a este escenario, el país ha impulsado acciones orientadas a transformar progresivamente las prácticas ganaderas y avanzar hacia sistemas de producción más sostenibles.
Uno de estos esfuerzos está vinculado con la NAMA Ganadera de El Salvador, una iniciativa que busca fortalecer la mitigación de gases de efecto invernadero dentro del sector mediante prácticas productivas que permitan mejorar su desempeño ambiental. El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) ha señalado que esta estrategia permitirá dar continuidad a los esfuerzos nacionales para reducir las emisiones provenientes de la actividad ganadera.
La importancia de este proceso radica en que la ganadería no solo debe analizarse desde su aporte económico y alimentario, sino también desde la manera en que utiliza los recursos naturales como: El manejo del ganado, la alimentación, el uso de los suelos y la gestión de los sistemas productivos, debido a que son algunos de los aspectos que pueden influir en la generación de emisiones y a su vez también representan oportunidades para incorporar prácticas más eficientes.

La transformación también plantea una visión distinta sobre la productividad, ya que reducir el impacto ambiental no significa necesariamente producir menos, sino buscar que los sistemas ganaderos utilicen mejor los recursos disponibles y puedan mantener su actividad mientras disminuyen progresivamente su huella ambiental. Esta transición requiere conocimiento técnico, acompañamiento a los productores y medidas adaptadas a las condiciones de cada territorio.
En este camino, las acciones de mitigación adquieren especial relevancia dentro de los compromisos climáticos del país, el sector agropecuario se encuentra entre las actividades que necesitan avanzar hacia modelos más resilientes frente a las variaciones del clima, al mismo tiempo que contribuyen a los esfuerzos nacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Es importante destacar que para que una transformación de este tipo sea sostenible en el tiempo, debe lograr que las buenas prácticas puedan incorporarse a la actividad cotidiana de los productores y que sus beneficios ambientales sean compatibles con la realidad económica del sector. La transición requiere, por ello, políticas públicas, asistencia técnica, innovación y mecanismos que faciliten la adopción de nuevas prácticas.

Hablar de una ganadería más sostenible también implica reconocer que las soluciones frente al cambio climático no siempre ocurren de manera visible o inmediata, muchas veces se construyen a partir de cambios graduales en la forma de producir, manejar los recursos y tomar decisiones dentro de las fincas. Es precisamente en esos cambios donde iniciativas como la NAMA Ganadera buscan generar una transformación de largo plazo.
La reducción de emisiones en la ganadería representa así una oportunidad para avanzar hacia una producción más eficiente y compatible con los desafíos ambientales del país. El desafío será convertir estos esfuerzos en prácticas permanentes que permitan fortalecer al sector productivo mientras se reduce progresivamente su impacto sobre el clima.


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