octubre 19, 2026

Polinización y economía: cuánto vale el trabajo de las abejas y otros insectos

Las abejas, mariposas, escarabajos, moscas y otros insectos cumplen una función que va mucho más allá de la producción de miel o de su presencia en los ecosistemas: participan en la polinización de numerosas plantas que sostienen la producción de alimentos. Al transportar polen entre flores, estos animales permiten la reproducción de las plantas y contribuyen a la formación de frutos y semillas. Por ello, la polinización puede entenderse también como un servicio ecosistémico con un impacto directo sobre la actividad agrícola y la economía.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que alrededor del 75% de los tipos de cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos parcialmente, de los polinizadores. Además, estima que cerca del 35% de la producción agrícola mundial, medida por volumen, está afectada por la actividad de abejas, aves, murciélagos y otros polinizadores. Esto significa que su trabajo está relacionado con cultivos que aportan alimentos, nutrientes y materias primas para distintas actividades productivas.

Ponerle un valor monetario a este servicio permite dimensionar su importancia. La evaluación de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), respaldada por los Estados miembros, estimó que entre US$235,000 millones y US$577,000 millones de la producción mundial de alimentos estaba directamente vinculada con los servicios de polinización, utilizando valores de 2015. La cifra no representa un pago que reciban los insectos ni un ingreso para los apicultores, sino una estimación económica del valor de la producción agrícola asociada a este servicio natural.

El beneficio económico tampoco se limita a la cantidad de alimentos producidos. La FAO explica que la polinización puede influir en el rendimiento y la calidad de los cultivos, mientras que las plantas que dependen de estos animales aportan frutas, semillas y otros alimentos importantes para la diversidad de la dieta. La actividad de los polinizadores también está relacionada con cultivos destinados a fibras, forraje, aceites y otros productos. Por eso, su importancia económica se extiende a diferentes eslabones de los sistemas agroalimentarios.

En El Salvador, el MARN ha reconocido la polinización como uno de los servicios que proporciona la biodiversidad y ha señalado que insectos como abejas, avispas, moscas y escarabajos cumplen funciones relacionadas con la reproducción de plantas y la producción agrícola. El Ministerio también ha identificado el abuso de agroquímicos como una amenaza para esta diversidad de insectos. Esto convierte la protección de los polinizadores en un tema que no solo corresponde a la conservación ambiental, sino también a la productividad de los ecosistemas agrícolas.

La actividad apícola muestra además una conexión directa entre polinizadores y generación de ingresos. El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) informó que la Asociación Cooperativa de Comercialización, Producción, Ahorro y Crédito de los Apicultores de Chalatenango contaba con 7,000 colmenas y una producción de 160 toneladas de miel, de la cual el 80% se destinaba a mercados internacionales. El proyecto también permitió reforestar 136 hectáreas con plantas nectopoliníferas, vinculando la producción apícola con la disponibilidad de recursos florales y la conservación de las abejas.

El riesgo económico aparece cuando disminuyen los polinizadores o se deterioran los ambientes donde se alimentan y reproducen. La FAO identifica entre las principales presiones la pérdida y fragmentación de hábitats, el cambio climático, prácticas agrícolas insostenibles, el uso de pesticidas, especies invasoras y enfermedades. Una reducción de estos animales puede afectar la disponibilidad de determinados cultivos y aumentar la vulnerabilidad de los sistemas agrícolas que dependen de ellos.

Proteger la polinización, por tanto, también implica proteger una parte de la infraestructura natural que sostiene la producción de alimentos. Mantener plantas que proporcionen néctar y polen, conservar áreas naturales, reducir prácticas que dañen a los insectos y promover sistemas agrícolas compatibles con la biodiversidad son algunas de las acciones que pueden contribuir a mantener este servicio. En términos económicos, el objetivo no es asignarle un precio a cada abeja, sino reconocer el valor que tiene conservar las condiciones naturales que permiten que la agricultura siga produciendo.

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