agosto 23, 2026

Riesgos climáticos: una amenaza creciente para el sector financiero

El cambio climático ya no es solo un problema ambiental. Inundaciones, sequías, huracanes y otros fenómenos extremos pueden afectar a empresas, hogares y activos financieros, aumentando los riesgos para bancos, aseguradoras e inversionistas.

El cambio climático está obligando al sector financiero a prestar mayor atención a amenazas que antes se analizaban principalmente desde el ámbito ambiental. Cuando un fenómeno extremo destruye una empresa, una vivienda o infraestructura, sus consecuencias pueden llegar rápidamente al sistema financiero.

Por ejemplo, una empresa afectada por una inundación podría perder ingresos y tener dificultades para pagar un préstamo bancario. Si el daño también reduce el valor de los bienes utilizados como garantía, la institución financiera enfrenta un riesgo aún mayor.

Este tipo de amenaza se conoce como riesgo físico e incluye tanto eventos extremos, como huracanes, inundaciones e incendios, como cambios prolongados en las condiciones climáticas, entre ellos el aumento de las temperaturas y la escasez de agua.

La Red para Enverdecer el Sistema Financiero (NGFS) ha señalado que los fenómenos meteorológicos extremos pueden afectar la producción, los activos y los ingresos, generando pérdidas que posteriormente se transmiten al sistema financiero.

Existe además el riesgo de transición, relacionado con el proceso mediante el cual las economías avanzan hacia modelos con menores emisiones. Nuevas regulaciones, cambios tecnológicos, modificaciones en los precios de la energía y cambios en las preferencias de los consumidores pueden afectar de manera distinta a las empresas.

Una compañía que no consiga adaptarse a estos cambios podría perder competitividad y capacidad de pago. Si los bancos tienen una alta exposición hacia ese sector, también podrían aumentar sus pérdidas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) considera que tanto los riesgos físicos como los de transición pueden afectar la estabilidad financiera y macroeconómica. Por ello, ha desarrollado metodologías para analizar cómo estos riesgos pueden transmitirse desde las empresas hacia las instituciones financieras.

Prepararse antes de que llegue el impacto

Uno de los principales retos es medir estos riesgos. Los modelos financieros tradicionales se apoyan en información histórica, pero el cambio climático puede modificar las condiciones futuras.

Por ello, las instituciones financieras recurren cada vez más a pruebas de estrés climático, que permiten evaluar cómo podrían comportarse sus carteras bajo diferentes escenarios de fenómenos extremos o de una transición acelerada hacia una economía baja en emisiones.

La NGFS actualizó en 2025 su guía para el análisis de escenarios climáticos, mientras que el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha establecido principios para incorporar estos riesgos en la gestión y supervisión bancaria.

El desafío es especialmente importante en economías donde sectores como la agricultura, el turismo y la infraestructura tienen una elevada exposición al clima. A esto se suma la falta de información suficiente para determinar qué empresas, propiedades y créditos están más expuestos.

Para el sector financiero, la respuesta no consiste en eliminar el riesgo climático, sino en identificarlo, medirlo y gestionarlo con anticipación.

El cambio climático puede comenzar como una sequía, una inundación o un huracán, pero sus efectos pueden avanzar desde una pérdida económica hasta un crédito impago, una mayor indemnización para una aseguradora o una caída en el valor de una inversión.

Por eso, el riesgo climático ha dejado de ser un asunto exclusivamente ambiental. Hoy también es un factor que puede afectar la solvencia, la rentabilidad y la estabilidad del sistema financiero.

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