El océano salvadoreño guarda una diversidad que pocas veces se observa desde tierra firme, entre sus aguas transitan ballenas y delfines que encuentran en el Pacífico centroamericano parte de sus rutas migratorias, su presencia no solo representa un espectáculo natural para quienes logran observarlos, sino también una señal de la riqueza de los ecosistemas marinos que existen frente a las costas del país.
En El Salvador, uno de los principales puntos para el estudio y observación de estos mamíferos es el Área Natural Protegida y sitio Ramsar Complejo Los Cóbanos, en Acajutla, Sonsonate. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) ha desarrollado allí acciones de monitoreo que han permitido conocer mejor las especies que llegan a la costa y su comportamiento.
La investigación ha sido fundamental para entender esta presencia. Durante una temporada de monitoreo realizada entre noviembre de 2020 y abril de 2021, el MARN registró 53 ballenas jorobadas en Los Cóbanos, además de otras especies de cetáceos como delfines manchados tropicales, delfines nariz de botella y delfines listados. Los recorridos también permitieron obtener fotografías de las aletas caudales, grabaciones de sus sonidos y muestras para análisis genéticos.

Estos registros tienen un valor que va más allá de la observación. Conocer qué especies visitan las aguas salvadoreñas, cuándo lo hacen y cómo utilizan estos espacios permite generar información para orientar las medidas de conservación, incluso se han documentado situaciones poco habituales, como el registro de una ballena jorobada y su cría pertenecientes, según especialistas consultados por el MARN, a una población del hemisferio sur.
La conservación también pasa por la manera en que las personas se acercan a estos animales. El MARN cuenta con lineamientos para el avistamiento responsable y trabaja con guías y operadores autorizados para que esta actividad turística se desarrolle bajo protocolos que contemplan aspectos como la navegación, la seguridad, el comportamiento de las especies y las condiciones del recorrido.
Este vínculo entre conservación y turismo es uno de los ejes del proyecto Viva Ballena, desarrollado en el marco del Programa Nacional de Conservación de Cetáceos, la iniciativa busca que el avistamiento de ballenas y delfines pueda convertirse en una actividad turística sostenible, al mismo tiempo que genera oportunidades para comunidades vinculadas a la actividad costera.

Pero proteger a los cetáceos implica mirar más allá de las propias especies, investigaciones del MARN sobre varamientos registrados durante 24 años identificaron posibles amenazas relacionadas con el tráfico marítimo, determinadas artes de pesca, la contaminación y los residuos sólidos, esto muestra que la salud de estos mamíferos está estrechamente relacionada con las condiciones del ecosistema marino que los rodea.
Conservar cetáceos en El Salvador significa, entonces, aprender a mirar el mar de otra manera. Cada avistamiento aporta información; cada investigación ayuda a comprender sus rutas y cada práctica responsable reduce las presiones sobre su hábitat. En un país con una costa pequeña, pero con una vida marina que continúa revelando nuevas historias, proteger a ballenas y delfines también significa proteger el equilibrio de las aguas que forman parte de nuestro territorio.


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